"Todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los he creado, los formé y los hice" Isaías 43:7



martes, 9 de agosto de 2011

QUIERO BUSCARTE MÁS

JUAN CARLOS ALVARADO
FUEGO
F Eb Dsus4 D7/F#
Gm C/E C
Cm9 F Bbmaj9 Bbm6
F/C C7sus4 F C7sus4

     F            Eb        D7   Dsus4 D7
Quiero buscarte más
 Gm        Bb/F  C/E
No hay otro anhelo
F             Eb            Dsus4     D7     D7b9
Y encontrarme con tu presencia
Gm9     Bb/F   C/E
    Ese es mi deseo

      F            Eb      D7   Dsus4 D7
Quiero adorarte más
 Gm      Bb/F   C/E
No hay otro anhelo
F          Eb         D7sus4     D
Y conocerte en toda mi vida
Gm7       Bb/F  C/E
      Ese es mi deseo

               Dm                F/C
Y al contemplar tu santidad
           Bb              F/A              Gm9
Y la belleza de la gloria de tu rostro
  Bb/F              A              A7sus4  A7b9
Jesús yo no puedo sino estar
           Dm                     F/C
Enamorado de la grandeza
                 Bb6                  F/A                Gm9
Y la hermosura de esta dimensión gloriosa
               A7sus4   C7
De tu majestad

LOS PROCESOS DE DIOS

INTRODUCCIÓN.

El pueblo de Israel caminaba por el desierto hacia la tierra prometida en busca de su heredad. Pero por causa de la desobediencia y negligencia en hacer caso de la disciplina que Dios estaba impartiendo en ellos, tuvieron que caminar mucho más de lo que realmente tenían que hacerlo.

La vida cristiana de la iglesia, está marcada por procesos que son operados por el Espíritu Santo, para el crecimiento del cuerpo de Cristo (Fil 1:6). Pero los procesos deben tener un curso normal de acuerdo a la voluntad de Dios.

¿CÓMO SE DEFINE LA DISCIPLINA?

f. Doctrina, instrucción de una persona. Arte, facultad o ciencia. Observancia de las leyes y ordenamientos de una profesión o instituto. Ú. más en pl. Acción y efecto de disciplinar o disciplinarse.

¿CÓMO ACTÚA LA DISCIPLINA?

La disciplina no es sino el libre sujetamiento de la persona a un ordenamiento dispuesto desde el propio interior para servir al ideal, virtud cuyo camino exige reiteración. El disciplinado no camina a la deriva, ni tiene trato con la discontinuidad, antes, al contrario, acaricia con mimo el continuo del segundero del reloj. Gota a gota, modestia sobre modestia, de los pequeños esfuerzos hace lo grande aquel que vive disciplinado. Consecuentemente, la disciplina habrá de mostrarse como la gran virtud de los pequeños, pero continuos esfuerzos, la hermana más modesta de todas las virtudes. De este modo, ella hace camino al andar; lo suyo es abrir caminos lo más metódicamente posible; pero entrar por los fueros de ese preciso camino exige apartarse de otros caminos, a saber, de los caminos errados conducidos por los impulsos desenfrenados de los caballos negros que, según Parménides, conducen al extravío, porque nos sacan fuera de la vía. Ciertamente el camino de la disciplina pide senda estrecha, rodadera angosta, cuyo tránsito precisa de mucha constancia. Para obrar disciplinadamente y con la debida constancia, es menester, proclama san Juan de la Cruz, inclinarse más a lo dificultoso que a lo fácil, pues "más agrada a Dios el alma que con sequedad y trabajo se sujeta a razón que la que, faltando en esto, hace todas sus cosas con consolación".

Y es que la disciplina de la voluntad dice siempre relación al logro de una meta, mientras que la indisciplina del deseo remite siempre a las épocas de transición o incluso de confusión, donde las metas huelgan mientras abundan los métodos (caminos sin más allá cuando les falta la meta). Por tanto, no cabe opción militante sin la ad-opción de alguna voluntad disciplinada: si existe algún lujo que el verdadero militante no podría pagarse en modo alguno sería el de abandonar al mero imperio de su arbitrio la conquista de la fortaleza.

La disciplina, como todas las virtudes, se aprende mejor de la mano de un buen maestro. Etimológicamente hablando, disciplina viene de discipulus. El discípulo que ha sido bien disciplinado por su maestro habrá debido amaestrarse en el cultivo de la constancia, de la no improvisación, de la no precipitación, de la no negligencia. Muchos son los que no conocen de la disciplina sino su mero cascarón, a saber, la observancia autoritaria de un orden sólo exterior, mediante la sujeción hipertrófica de la conducta a normas severamente castigadas en caso de conculcación; y de ahí precisamente proviene el disciplinar, verbo que significa azotar duramente con disciplinas a alguien, o el autoflagelarse hiperexigente con rigor penitencial o mortificatorio, o el formarle a los demás e incluso a uno mismo continuos consejos disciplinarios. Y si en esa dirección toda práctica puede resultar aberrante a poco que nos descuidemos, a veces, por desgracia, sin recurrir a los excesos, hay que recordar el refrán: "Quien bien te quiera te hará llorar"; lágrimas y disciplina pueden resultar compatibles, aunque sin pasarse (recordemos, sobre todo tratándose de la disciplina, aquello de que la virtud se encuentra en el justo término medio). El disciplinado virtuoso, aprovechando las peculiaridades de su carácter y la naturaleza de su irrepetible temperamento, se esfuerza por lograr el autodominio, el autocontrol, el señorío de la propia idiosincrasia, para ponerla al servicio del ideal más beneficioso para todos.

No puede faltar de la disciplina la diligencia, ese estar atento y vigilante, que es como la antítesis de la pereza, de la holganza, de la intemperancia, de la excesiva relajación, la cual desemboca en fatal abdicación, conducente al fascismo en última instancia, pues no hubo nunca forma alguna de fascismo que no aclamase a un sacralizado Führer, intentando conducir al matadero a los esquilados borregos cuando estos han abdicado de sus propias responsabilidades: "A una piedra sucia se parece el perezoso, todo el mundo silba sobre su deshonra. Bola de excrementos es el perezoso, que todo el que la toca se sacude la mano" (Si 2,1-2). Al diligente le suele sonreír la fortuna, pero si bien el trabajo acostumbra a producir rendimiento, sin embargo el rendimiento no constituirá para él un fin en sí mismo, ni siquiera en la perspectiva del más eficacista calvinismo o del más instrumental sionismo. Hacia donde, en primera instancia, conduce la virtud de la diligencia no es hacia el dinero, sino hacia la asunción del deber, hacia el cumplimiento de las obligaciones; por eso recomienda Marco Aurelio: "Cuando por la mañana te cueste trabajo despertar, ten presente este pensamiento: Me despierto para llevar a cabo mi tarea como hombre"

La intención pura no basta; el disciplinado no vive de la mera voluntad, por buena que ella fuere. Su esfuerzo sistemático, cronometrado, medido, mensurado, ha de sujetarse para ser eficaz a una estrategia y a una táctica, a unos planes, implementarse según el orden de los medios y de los fines. Ahora bien, no siendo posible mantener el tipo con una diligencia absoluta y sin decaimiento, ¿cómo perseverar en las inevitables horas del cansancio? Para cuando el mal momento llegue, porque ciertamente llegará, el creyente, sabedor de su propia finitud, solicita para ello el auxilio de Dios; y en ese sentido hace de toda su vida un continuo ora et labora, un auténtico laboratorio. "Quien añade ciencia, añade también cansancio", sentencia Qohélet. Y Santiago Ramón y Cajal, acreedor de un Premio Nobel también en lo relativo al esfuerzo, añadía: "El entendimiento alumbra como las velas, derramando lágrimas". Sin embargo el laborismo por el mero laborismo no constituye de suyo virtud, a lo más que conduciría sería a la concesión de la medalla al mérito del trabajo; y por eso una virtud cimentada en el esfuerzo, en la puntualidad, en el método, por así decirlo, embutida en la sudadera, no podría nunca ser una virtud tensa, desabrida, triste (como suele decirse: una virtud triste resultaría necesariamente una triste virtud, carente de fuerza, de altura y de riqueza) y, por eso mismo, se duele y se goza, con ese sabor agridulce que acompaña al gran esfuerzo, en la medida en que comprueba su valor, sabiendo tomarse con humor las agujetas; por lo cual la diversión, la eutrapelia, resulta de todo punto necesaria para quien trabaja.

¿CÓMO SE DEFINEN LOS PROCESOS?

m. Acción de ir hacia adelante. Transcurso del tiempo. Conjunto de las fases sucesivas de un fenómeno.

(Del latín prosessus: ir antes, avanzarse). Todo proceso supone un desarrollo concatenado de acontecimientos o hechos; un devenir o una derivación de algo a partir de sus principios.

VEAMOS UN PROCESO DISCIPLINADO.

“Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios.  Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento. Y el que planta y el que riega son una misma cosa; aunque cada uno recibirá su recompensa conforme a su labor. Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios. Conforme a la gracia de Dios que me ha sido dada, yo como perito arquitecto puse el fundamento, y otro edifica encima; pero cada uno mire cómo sobreedifica. Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo. Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará. Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa. Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego. ¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es.”  1ª Co 3: 6-17

Aquí vemos el ejemplo de un proceso constructivo. El apóstol guiado por el Espíritu Santo, escribe a los corintios referente a la madurez que ellos deben alcanzar como cristianos e hijos de Dios. Pero son llamativos algunos detalles que veremos aquí con detenimiento.

Las personas que han tenido la oportunidad de tener su casa propia y que aún han podido diseñar o contratar los servicios de un profesional en la materia, pueden estar seguros de lo que tienen construido, saben que tipos de cimentación tiene la edificación y qué tipo de materiales, si surge una reparación con el tiempo van a saber por dónde están diseñadas las instalaciones técnicas entre otras más ventajas.

Lo primero para una edificación es un fundamento claro

La obra de Dios involucra a muchos individuos con una variedad de dones y habilidades. No hay superestrellas en esta tarea, sólo miembros de equipo que desarrollan sus funciones específicas. Nos convertimos en miembros útiles del equipo de Dios al poner a un lado el deseo de recibir gloria por lo que hacemos. La alabanza que viene de la gente es comparativamente sin valor, la aprobación de Dios es la que cuenta.

El fundamento de la Iglesia -de todos los creyentes- es Jesucristo, y este es el fundamento que Pablo estableció (al predicar a Cristo) cuando empezó la iglesia en Corinto. Cualquiera que edifica la iglesia -maestros, predicadores, padres y otros- debe construir con materiales de alta calidad (sana doctrina y testimonio 3.12ss) que encaje en las normas de Dios. Pablo no está criticando a Apolos, sino desafiando a los futuros líderes de la iglesia a tener una predicación, así como una enseñanza, sana y sólida.

En la iglesia basada en Jesucristo, cada miembro debería ser maduro, espiritualmente sensible y sano en lo doctrinal. La iglesia en Corinto estaba construida con "madera, heno y hojarasca", con miembros que eran inmaduros, insensibles a los demás, y receptivos a las doctrinas erróneas (3.1-4). No nos extrañe que tuvieran tantos problemas. Las iglesias locales deben estar edificadas en Cristo. ¿Puede su carácter cristiano pasar la prueba?

Un edificio será sólido tanto como lo sea su fundamento. El fundamento de nuestras vidas es Jesucristo, El es nuestra base, nuestra razón de ser. Cada cosa que somos y hacemos debe encajar en el molde que se ha dado por medio de Cristo. ¿Está usted edificando su vida en el único fundamento real y duradero o está edificando en un fundamento falso como la riqueza, la seguridad o el éxito?

Dos maneras seguras de destruir un edificio son: dañar el fundamento o construir con material de mala calidad. La iglesia debe ser edificada sobre Cristo, no sobre alguna persona o principio. El evaluará la contribución de cada ministro a la vida de la iglesia y el día del juicio revelará la sinceridad de la obra de cada persona. Dios determinará si una persona fue o no fiel a las instrucciones de Jesús. El buen trabajo será recompensado, el trabajo infiel o inferior será descartado. El que edifica "será salvo, aunque así como por fuego" significa que el trabajador infiel será salvo, pero como alguien que escapa de un edificio en llamas. Todas sus posesiones (logros) se perderán.

Lo segundo en cuenta es la fidelidad al diseño original

En este punto hay algo especial que me llama la atención. El arquitecto no es el que construye, es el ingeniero. Es más, el fundamento, en una construcción mayor, la hace un ingeniero calculista. Entonces ¿Cuál es la función de un arquitecto? El arquitecto está encargado de la distribución y diseño arquitectónico de los espacios.

Entonces, ¿por qué el apóstol se llama a sí mismo como perito arquitecto, al colocar los fundamentos? Este lo que hacía era verificar que el diseño original sea ejecutado fiel, de acuerdo al diseño de Dios. Según Gn 1:26, el diseño original del hombre es a imagen y semejanza de Dios. Se imagina usted quién es el arquitecto de su vida ¡Es Dios mismo! Y dice la Biblia que todo lo que hizo es bueno. También dice que fuimos creados para señorear sobre la creación. Por eso dice que fuimos constituidos reyes y sacerdotes para Dios (Ap 1:6; 1ª P 2:9; Ro 5:17).

Lo tercero en orden de importancia son los recursos humanos

Lo tercero en orden de importancia es la relevancia de los obreros. Jesús le dijo a sus discípulos que oraran al Señor de la mies para que enviara obreros a su mies (Mt 9:37-38)

En efesios 4:11-12 el mismo apóstol hablando del equipamiento de los obreros menciona cinco ministerios dados por Jesús entre los cuales están el apóstol, el profeta, el evangelista, el pastor y el maestro. Todo esto me enseña que cada uno de nosotros tenemos un lugar en el cuerpo de Cristo. Un lugar de función más que jerarquía. Por eso es necesario formar nuestro carácter.

Pablo dice que él hace una función y Apolos otra, y que otro vendrá y sobreedificará sobre el fundamento puesto por él; pero que cada uno es responsable de la forma y los materiales que ha utilizado para su edificación.

El cuarto elemento son los materiales

Los que hayan construido en madera, heno y hojarasca sufrirán pérdida de recompensas; no es juicio para salvación, pero sí de recompensa. Y los que hayan edificado con oro, plata, piedras preciosas su obra permanecerá firme. La relevancia que se le da a los materiales aquí por parte del apóstol no es de acuerdo a su precio, sino, más bien, a su durabilidad.

El quinto elemento a tener en cuenta es la durabilidad y estabilidad de la obra

La palabra utilizada aquí para “permanecer” es “meno” lo cual significa “hacer escala, esperar, morar, durar, perdurable, permanecer, permanente, perseverar, persistir, posar, quedar, retener, vivir”.

En la parábola de las diez vírgenes (Mt 25:1-13) encontramos la historia de diez vírgenes que esperaban la venida de su esposo. Pero cinco eran indisciplinadas y cinco eran disciplinadas. Todas tenían la Palabra de Dios (lámparas); todas tenían unción (aceite) todas eran salvas (tenían derecho a casarse con el esposo). Entonces ¿qué hace la diferencia entre cinco de las vírgenes y las otras? Cinco sabían que el aceite se podía acabar y fueron prudentes al ser disciplinadas. En cambio las otras cinco eran indisciplinadas  y creían que tal vez no iban a necesitar más aceite y por eso tuvieron que salir a buscar aceite y perdieron el derecho de estar con el esposo pues esta nos las halló como esperaba.

El sexto elemento la interventoría

El último y no menos importante elemento de una obra es la interventoría. Esta está presente no sólo al final de la obra, sino a través de todo el proceso constructivo, ya que, el interventor debe estar al tanto de que todos los requerimientos técnicos sean cumplidos a cabalidad, todos los materiales cumplan las exigencias y requerimientos de la obra, el bienestar de los obreros, el buen uso de los recursos económicos, y la satisfactoria culminación de la misma.

Este proceso lo lleva a cabo el Espíritu Santo en nuestra vida. Él es el sello de garantía de  nuestra herencia. Por lo tanto también, es el que nos ayuda a utilizar bien las armas que Dios nos ha dado para pelear la batalla. Él es que nos ilumina y revela los secretos de la Palabra de Dios guardándonos de caer en herejías y sectas. Por eso dice el apóstol que los materiales con que construimos serán pasados por el fuego.

CONCLUSIONES

A Dios no le gustan los atajos. Tenemos que evitarlos. Procesos que no se terminan bien; son procesos que se repetirán en la vida. En el libro de Números 21:4-9, encontramos el relato de cuando el pueblo tuvo la necesidad de rodear la tierra de Edom, tomaron un atajo, aunque no por voluntad de ellos, pues trataron de reconvenir con ellos para que los dejaran pasar por el medio de su tierra, y ellos no aceptaron, pero vemos claramente las consecuencias de tomar un atajo.

La primera consecuencia de esto fue el desánimo del pueblo y el desanimo es impaciencia de espíritu, pues al no poder alcanzar lo que deseamos nos sentimos derrotados, afligidos, e impotentes y es ahí donde vienen los pensamientos de necedad (Pr 14:29). La segunda consecuencia de tener que rodear la tierra de Edom es la murmuración. Vemos que los israelitas murmuraron contra Dios, contra Moisés, y contra el Maná y nosotros sabemos que la murmuración trae calamidades a nuestra vida (Pr 13:3). La tercera consecuencia de esto fue la consecuencia natural del pecado. La muerte (Ro 6:23). Dios perdona el pecado pero no las consecuencias. Los judíos eran mordidos por unas serpientes enviadas por Dios mismo como consecuencia de su pecado. Esto condujo al pueblo al arrepentimiento y pidieron a Moisés que orara por ellos para que Dios les perdonara sus pecados y no mueran y efectivamente Moisés oró a Dios y Él le mandó hacer una serpiente de bronce y levantarla en alto  para que todo aquél que levante sus ojos a ella se sane. Esta serpiente llegó a ser tipo de nuestro Señor Jesucristo el salvador del mundo enviado por Dios para morir en una cruz. Dios está buscando que nosotros levantemos nuevamente nuestros ojos al cielo que reconozcamos que necesitamos de Él y Él poder ayudarnos.

lunes, 25 de julio de 2011

Hijos del pacto

“Vosotros sois los hijos de los profetas, y del pacto que Dios hizo con nuestros padres, diciendo a Abraham: en tu simiente serán benditas todas las familias de la tierra”. Hechos   3: 25.

“Sabed, por tanto, que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham…para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham  alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu…Un pacto, aunque sea de hombre, una vez ratificado, nadie lo invalida, ni le añade…El pacto previamente ratificado por Dios para con Cristo, la ley que vino cuatrocientos treinta años después, no lo abroga, para invalidar la promesa…”. Gálatas 3: 6-18.

Según el diccionario de la lengua española, el pacto es un compromiso adquirido entre dos o más personas o entidades, que están obligados a cumplir. El pacto se usa como parte de garantía a un compromiso.

Cuando hay un pacto, este compromete la estructura moral de la persona.

Dios es un Dios de pactos y siempre El ha pactado con el hombre y continuamente ha estado dispuesto a cumplir sus compromisos y que el hombre le cumpla a El.

La Biblia revela que a Dios le ha placido establecer pactos con los hombres. Ocho de estos pactos se hallan mencionados en las sagradas páginas y ellos incorporan los hechos más vitales en la relación que el hombre ha tenido con Dios a través de toda la historia de la raza humana. Cada pacto representa un propósito divino y la mayoría de ellos constituyen una absoluta predicción tanto como una promesa inalterable del cumplimiento de todo lo que Dios ha determinado. Si llevamos nuestra consideración del tema hasta el tiempo cuando los pactos fueron hechos, descubrimos que ellos siempre anticiparon el futuro y tenían el propósito de ser un mensaje de certidumbre para aquellos con quienes el pacto era establecido. Además de los pactos bíblicos,  los teólogos han sugerido tres pactos teológicos que tienen que ver con la salvación del hombre.

Los pactos Teológicos.

Pacto de obras.

Se dice que con Adán se estableció un pacto de obras. . La provisión del pacto era tal que si Adán obedecía a Dios, él sería guardado seguro en su estado espiritual y recibiría la vida eterna. Génesis 2: 17

Pacto de la redención.

Otro pacto sugerido es el pacto de la redención, en el cual se insinúa la enseñanza de que fue establecido un pacto entre Dios el Padre y Dios el Hijo en relación a la salvación del hombre en la eternidad pasada. En este pacto el Hijo de Dios se comprometió en proveer la redención para la salvación de aquellos que creyeran, y Dios prometió aceptar su sacrificio. Efesios 1: 4, 11

Pacto de gracia.

Aun otra tentativa es el contemplar el eterno propósito de Dios en la salvación como un pacto de gracia. En este punto de vista Cristo es contemplado como el Mediador del pacto y el representante de aquellos quienes ponen su confianza en Él. Los individuos encuentran las condiciones de este pacto cuando colocan su fe en Jesucristo como Salvador. Aunque este pacto es también una deducción del plan eterno de salvación, tiende a enfatizar el carácter de gracia de la salvación de Dios.

Los pactos bíblicos.

Los pactos de Dios contenidos en la Biblia se clasifican en dos clases, aquellos que son condicionales y los que son incondicionales. Un pacto condicional es uno en el cual la acción de Dios es en respuesta a alguna acción de parte de aquellos a quienes va dirigido el pacto. Un pacto condicional garantiza que Dios hará su parte con absoluta certeza cuando se satisfacen los requisitos humanos, pero si el hombre fracasa, Dios no está obligado a cumplir su pacto.

Un pacto incondicional, mientras que puede incluir ciertas contingencias humanas, es una declaración de cierto propósito de Dios, y las promesas de un pacto incondicional serán ciertamente cumplidas en el tiempo y a la manera de Dios. De los ocho pactos bíblicos sólo el edénico y el mosaico eran condicionales. Sin embargo, aun bajo los pactos incondicionales hay un elemento condicional como si se aplicara a ciertos individuos. Un pacto incondicional se distingue de uno condicional por el hecho de que su cumplimiento esencial es prometido por Dios y depende del poder y la soberanía de Dios.

El pacto Edénico.

El pacto edénico fue el primer pacto que Dios hizo con el hombre (Gn. 1:26-31; 2:16-17), y fue un pacto condicional con Adán en el cual la vida y bendición o la muerte y la maldición dependían de la fidelidad de Adán.

El pacto Adámico.

El pacto adámico fue hecho con el hombre después de la caída (Gn. 3:16-19). Este es un pacto incondicional en el que Dios declara al hombre lo que será su porción en la vida por causa de su pecado. Aquí no hay lugar para ninguna apelación, ni se implica responsabilidad alguna de parte del hombre.

El pacto de Noé.

El pacto de Noé fue hecho con Noé y sus hijos (Gn. 9: 1-18). Este pacto, mientras que repite algunos de los rasgos del pacto adámico, introdujo un nuevo principio de gobierno humano como un medio de frenar el pecado. Como el pacto adámico, era incondicional y revelaba el propósito de Dios para la generación subsiguiente a Noé.

El pacto Abrahámico.

El pacto abrahámico (Gn. 12:1-4; 13:14-17; 15:1-7; 17: 1-8) es una de las grandes revelaciones de Dios concernientes a la historia futura, y en él fueron dadas profundas promesas a lo largo de tres líneas.

Primero que todo, fueron dadas promesas a Abraham de que él tendría gran descendencia (Gn. 17:16), que tendría mucha bendición personal (Gn. 13:14-15, 17; 15:6,18; 24:34-35; Jn. 8:56), que su nombre sería grande (Gn. 12:2) y que él personalmente sería una bendición (Gn. 12:2).

Segundo, a través de Abraham fue hecha la promesa de que emergería una gran nación (Gn. 12:2). En el propósito de Dios esto tiene referencia primeramente a Israel y a los descendientes de Jacob, quienes formaron las doce tribus de Israel. A esta nación le fue dada la promesa de la tierra (Gn. 12:7; 13:15; 15:18-21; 17:7-8).

Una tercera área principal del pacto fue la promesa de que por medio de Abraham vendría bendición al mundo entero (Gn. 12:3). Esto tendría su cumplimiento en que Israel sería el canal especial de la revelación divina de Dios, la fuente de los profetas quienes revelarían a Dios y proveerían de la Escritura a los escritores humanos. En forma suprema, la bendición a las naciones sería provista a través de Jesucristo, quien sería un descendiente de Abraham. Dada la relación especial de Israel con Dios, Dios pronunció una solemne maldición sobre aquellos que maldijeran a Israel y una bendición sobre aquellos quienes bendijeran a Israel (Gn. 12:3).

El pacto Mosaico.

El pacto Mosaico fue dado a través de moisés para los hijos de Israel mientras que estaban viajando desde Egipto hacia la tierra prometida (Ex. 20:1 - 31:18).

En Éxodo, y ampliado en muchas otras porciones de las Escrituras, Dios le dio a Moisés la ley que era para gobernar su relación con el pueblo de Israel. Los aproximadamente seiscientos mandamientos específicos están clasificados en tres divisiones principales:
  1. Los mandamientos, conteniendo la voluntad expresada de Dios (Ex. 20:1-26);
  2. Los juicios, relacionados a la vida social y cívica de Israel (Ex. 21: 1 - 24:11), y
  3. Las ordenanzas (Ex. 24:12 - 31:18).

El pacto Palestino.

El pacto palestino (Dt. 30 :1-10) era un pacto incondicional en conexión con la posesión final de la tierra por parte de Israel. Este pacto se ilustra como un pacto básicamente incondicional y seguro en su cumplimiento; sin embargo, tiene elementos condicionales para cualquier generación en particular.
El pacto palestino, de acuerdo a ello, incluye la dispersión de Israel por la incredulidad y la desobediencia (Gn. 15:13; Dt. 28:63-68), tiempos de arrepentimiento y restauración (Dt. 30:2), la recolección de Israel (Dt. 30:3; Jer. 23:8; 30:3; 31:8; Ez. 39:25-29; Am. 9:9-15; Hch. 15:14-17), la restauración de Israel a su tierra (Is. 11:11-12; Jer. 23:3-8; Ez. 31:21-25; Am. 9:9-15), su conversión espiritual y restauración nacional (Os. 2:14-16; Ro. 11:26-27), su seguridad y prosperidad finales como nación (Am. 9:11-15) y el juicio divino para sus opresores (Is. 14:1-2; Jl. 3:1-8; Mt. 25:31-46).

El pacto davídico.

El pacto davídico (2 S. 7:4-16; 1 Cr. 17:3-15) era un pacto incondicional en el cual Dios prometió a David un linaje real sin fin, un trono y un reino, todos ellos para siempre. En la declaración de este pacto Jehová se reserva el derecho de interrumpir el actual reinado de los hijos de David si era necesario el castigo (2 S. 7:14-15; Sal. 89:20-37); pero la perpetuidad del pacto no podía ser quebrantada.

El pacto davídico no es cumplido por Cristo reinando en su trono en los cielos, puesto que David nunca se ha sentado ni se sentará en el trono del Padre. Es más bien un reino terrenal y un trono terrenal (Mt. 25: 31). El pacto davídico es, por consiguiente, la clave del programa profético de Dios que aún está por cumplirse.

El nuevo pacto.

El nuevo pacto, profetizado en el antiguo testamento y que tendrá su cumplimiento primario en el reino milenial, es también un pacto incondicional (Jer. 31:31-33).

Como lo describe Jeremías, es un pacto hecho «con la casa de Israel y con la casa de Judá» (v. 31). Es un nuevo pacto en contraste con el pacto mosaico, el cual fue roto por Israel (v. 32).

El nuevo pacto garantiza todo lo que Dios se propone hacer para los hombres en el terreno de la sangre de su Hijo. Esto puede verse en dos aspectos:
  1. Que Él salvará, preservará y presentará en la gloria, conformados a la imagen del Hijo Unigénito, a todos los que creen en el Señor Jesús. El hecho de que sea necesario creer en Cristo para ser salvo, no es una condición en este pacto. El acto de creer no es una parte del pacto, sino más bien la base sobre la cual el creyente es admitido para disfrutar de las bendiciones eternas que el pacto ofrece. El pacto no es hecho con los no redimidos, sino con los que creen, y promete que en favor de ellos estará la fidelidad de Dios. «El que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo» (Fil. 1:6), y toda otra promesa semejante a ésta, relacionada con el poder que Dios manifiesta en la salvación y preservación de los suyos, es parte de este pacto de gracia.
  2. La salvación futura de Israel es prometida en el nuevo pacto incondicional          (Is. 27:9; Ez. 37:23; Ro. 11:26-27). Esta salvación se efectuará sobre la base única de la sangre que Cristo derramó en la cruz. Por medio del sacrificio de su Hijo, Dios es tan libre para salvar a una nación como lo es para salvar a un individuo. Israel es representado por Cristo como un tesoro escondido en el campo. El campo es el mundo. Y creemos fielmente que fue Cristo quien vendió todo lo que Él tenía, a fin de poder comprar el campo y poseer así el tesoro que allí estaba oculto (Mt. 13: 44).

Las bendiciones del hijo de un pacto.

“Y no apartarás tu misericordia de mi casa para siempre. Cuando Jehová haya cortado uno por uno los enemigos de David de la tierra, no dejes que el nombre de Jonatán sea quitado de la casa de David. Así hizo Jonatán pacto con la casa de David, diciendo: Requiéralo Jehová de la mano de los enemigos de David. Y Jonatán hizo jurar a David otra vez, porque le amaba como a sí mismo”.  1 Samuel 20: 15-17.

“Dijo David: ¿Ha quedado alguno de la casa de Saúl, a quien haga yo misericordia por amor de Jonatán?...Y vino Mefi-boset, hijo de Jonatán hijo de Saúl, y se postró sobre su rostro e hizo reverencia. Y dijo David: Mefi-boset. Y él respondió: He aquí tu siervo. Y le dijo David: No tengas temor, porque yo a la verdad haré contigo misericordia por amor de Jonatán tu padre, y te devolveré todas las tierras de Saúl tu padre; y tú comerás siempre a mi mesa”.   2 Samuel 9

David se hace una pregunta muy peculiar, tal vez nosotros preguntamos lo contrario: ¿Quién hará misericordia de nosotros? ¿Quién orará por mi?...Pero David era un hombre de pensamiento distinto al de nosotros, era él un rey, no necesitaba nada, estaba rodeado de lujo y gloria, vivía en el palacio real y se pregunta algo muy original ¿Habrá alguien a quien haga yo misericordia por amor de Jonatán?. Jonatán era amigo íntimo de David, es más, al no ser por Jonatán, David, tal vez no hubiese podido ser rey sobre Israel.

David era un hombre íntegro en sus palabras y pensamientos  y nunca se olvidó de su pacto con Jonatán por amor a su amistad. Jonatán y David eran como las notas del piano, cada uno solo tenía su propio sonido, eran una nota aparte, pero juntos hacían una melodía completa.

Al fin de una ardua investigación aparece en escena un hombre que sólo aparece dos veces en el escenario bíblico. Este hombre era Mefi-boset. Tal vez usted se preguntará ¿Qué hace un hombre tan anónimo y además lisiado de los pies en el panorama bíblico? (2 S 4: 4). Pero Mefi-boset era el único descendiente de la casa de Saúl, era hijo de Jonatán, nieto de Saúl. Era el “casi” heredero del trono, un casi príncipe, un casi importante de Israel; peo por cosas de la vida no era así. Se puede imaginar cuántas burlas, cuántos refranes, cuántos chistes mal intencionados inspiraría este hombre de labios del pueblo “miren al cojo”, “el inválido”, “el señor rey” en fin tantas cosas que hirieron el corazón de Mefi-boset.

Identidad restaurada.

Así como Adán y Eva eran de la realeza de Dios, pues habían sido creados directamente a imagen y semejanza de Dios (Gn 1: 26-27) Mefi-boset era de la familia real de Israel (2 S 9: 6).
Dignidad restaurada.

Adán y Eva perdieron el derecho de reyes a causa del pecado siendo expulsados del huerto del Edén (Gn 3: 23-24) Mefi-boset a pesar de haber sido el único heredero del trono de Saúl, después de morir Saúl y Jonatán, se presentó ante David como un siervo (2 S 9: 6).

Estima restaurada.

Mefi-boset estaba estigmatizado. Un estigma es una señal en el cuerpo como afrenta, es algo visible a los demás. El estaba lisiado de los pies (2 S 9: 3) así mismo nosotros estábamos estigmatizados por causa de nuestros pecados (Jer 3: 25).

Confianza restaurada.

Mefi-boset recibió de parte de David una de las palabras más gloriosas que una persona puede recibir del rey “no temas” (2 S 9: 7) Dios nos dice “no temas” (Is 41: 10). Uno de los mandamientos más expresados por el mismo Señor Jesucristo fue “no temas”.

Autoridad restaurada.

David como rey devolvió a Mefi-boset todas las tierras que a él, como heredero de Saúl, pertenecían legítimamente (2 S 9: 7). Al igual Cristo al vencer a Satanás en la cruz, al haber resucitado, quitó de sus manos el poder de la tierra y nos la devolvió a nosotros, sus hijos, a quien legítimamente pertenece (Ro 16: 20; Col 2: 14, 15).

Comunión restaurada.

Mefi-boset tenía uno de las principales privilegios que alguien podía tener, fue invitado por David a comer juntamente con El a la mesa del palacio, todos los días de su vida (2 S 9: 7). Nosotros también hemos sido invitados a comer de la mesa del Rey por su misericordia y hasta estamos sentados juntamente con Jesús a la diestra del Padre (Ef 2:6).

Eternidad restaurada.

Mefi-boset se comparó así mismo con un perro muerto, uno de los animales abominables al pueblo de Israel y más aún si estaba muerto (2 S 9: 8). De la misma manera dice la Biblia que Dios nos dio vida juntamente con Cristo estando nosotros muertos en delitos y pecados (Ef 2: 1).

La misericordia de Dios hacia nosotros ha sido en gran manera grande, librándonos de la miseria espiritual y restaurándonos a la vida celestial, la cual ha sido plenamente ministrada por Jesucristo en la cruz del calvario y perfeccionada su obra en nosotros  por el Espíritu Santo.

jueves, 16 de junio de 2011

TÚ ERES MI SUSTENTO

TU ERES MI SUSTENTO.
DANIEL CALVETI.
SÓLO TU GRACIA.

Bb                 Bb/A
Dame de tu eterna paz
Gm                Bb/F
Dame el don para esperar
Eb                    Eb/D
Ayúdame a confiar en ti
                            Cm
Porque en mis fuerzas no puedo más.

Eb                     Bb     Cm Bb/D
Tú eres mi sustento
Eb              Bb    Cm Bb/D
Tú mi creador
Eb                      Bb
Y la última palabra
                 F
La tienes tú.

                Gm
Has que brote en mi
                F    
Tu respuesta oh Dios
                         Eb
No quiero ahogarme
                    F
En mi humanidad.

miércoles, 15 de junio de 2011

EL DINERO DEL RESCATE

“Dios habló con Moisés y le dijo: Recuerda que sólo yo tengo derecho a hacer una lista de todos los israelitas. Pero si tuvieras que hacerla, cada israelita deberá darme una contribución para que yo no les quite la vida ni les envíe ninguna enfermedad contagiosa ni mortal. Para que yo les perdone la vida a todos los israelitas mayores de veinte años que aparezcan en la lista, deberán darme cinco monedas de plata, que es la mitad del impuesto oficial del santuario. Ni los ricos darán más, ni los pobres darán menos. Toda la plata que te den los israelitas se la entregarás a los sacerdotes para que puedan cubrir los gastos del culto en el santuario. Así me acordaré de que los israelitas ya han pagado para que no les quite la vida.” Exodo 30:11-16 (Traducción Lenguaje Actual)

Definición de términos.

Rescate.

En el hebreo, existen dos palabras para designar el término “rescate”.
  1. Kôpher: propiamente cubierta, i.e. (literalmente) aldea (como cubierta en); (específicamente) betún (como usado para pintar), y la planta de alheña (usada para teñir); figurativamente precio de redención.
  2. Kâphar:  raíz primaria; cubrir (específicamente con betún); figurativamente expiar o condonar, aplacar o cancelar:
Es interesante hacer notorio el hecho que en este pasaje se utiliza las dos palabras hebreas designadas, las cuales se traducen así:
1.   Kôpher: rescate y se utiliza una vez, refiriéndose al impuesto que debían pagar los jóvenes contados mayores de 20 años, los cuales eran preparados para ir a la guerra (Ex. 38.26; Nm. 1:45-46)
2.   Kâphar: expiación, expiaciones y se utiliza 3 veces, refiriéndose a la persona.

Además es necesario recordar que el impuesto cobrado era designado para el tabernáculo. Y la plata, como material de construcción, representa la redención.

Ahora bien, analicemos las cantidades designadas por Dios.

Un siclo es igual a veinte geras.
La gera equivale a 0.55 gramos.
El siclo equivale a 11 gramos.
½ siclo equivale a 5.5 gramos.

La cantidad pagada por cada uno de los israelitas que debían ser contados es de medio siclo de plata.

Jesús mismo tuvo que pagar este impuesto estando en Jerusalén. En Mateo 17: 24-27, encontramos el relato de dicho evento. Pero aprendemos que el impuesto cobrado ya no era medio siclo de plata sino dos dracmas.

Un dracma equivale a 8 gramos, y Jesús pagó 2 dracmas, el valor del estatero, la moneda sacada de la boca del pez, es de cuatro dracmas, el impuesto de Jesús y Pedro.

Ahora bien, si Jesús pagó dos dracmas, y el equivalente de este es 8 gramos, quiere decir que Jesús pagó 16 gramos de plata por su tributo y 16 gramos de plata por el tributo de Pedro, en total pagó 32 gramos de plata, el valor del estatero.

En la época de Jesús el salario mínimo mensual era de medio ciclo, o sea, 16.5 kg. de plata.

Jesús pagó 16 gramos de plata por su tributo. Entonces analicemos lo siguiente:
            16.500 gr. el salario mínimo mensual
                   16 gr. el tributo que pagó Jesús.
         = 1031.25 partes del salario mínimo.

Entonces, en nuestra época, el año 2010, el salario mínimo es de $ 515.000. si divido ese valor en 1031.25 partes nos da la siguiente cifra:
           515.000 salario mínimo actual
           1031.25 partes del salario mínimo
         = $ 499.4 sería el tributo actual.
Analicemos entonces el significado profético de estas cifras:

En Ex. 38: 26 dice que los jóvenes censados dieron un total de 603.550. Esto significa que  se debieron haber recogido un total de 301.775 siclos de plata.

Sabemos por las Escrituras que la plata recolectada era para el uso del tabernáculo. Sabemos que las basas que sostenían cada una de las tablas eran hechas de plata. Sabemos que en total eran 48 tablas. Sabemos que cada tabla tenía dos basas. Sabemos que los cuatro pilares que sostenían el velo tenía cada uno una basa.  Sabemos que una basa estaba hecha de un talento de plata. Y sabemos que un Talento es equivalente a 3.000 siclos o 33 kilos.

De acuerdo a esto tenemos lo siguiente:
  48 tablas en total                   
x  2 basas cada una
= 96 basas.
         +   4 basas para los cuatro pilares del velo
         100

Si cada basa tenía un talento (3.000 siclos) quiere decir que:
         3.000  siclos
         x 100  basas
         300.000 siclos en sólo basas de plata.

El restante 1.775 siclos de plata, fueron utilizados en la fabricación de ganchos, capiteles, y varas de conexión en los pilares del atrio exterior.

Ahora miremos si cada basa tenía 3.000 siclos de plata  y el precio de redención por cada alma es de ½ siclo, entonces cada basa representa la redención de 6.000 almas. Si sumado a esto, vemos que cada tabla tenía dos basas, entonces cada tabla era sostenida por 12.000 israelitas redimidos. Esto lo que me enseña es que Dios sabe el número de sus redimidos de cada pueblo, lengua, tribu y nación. En el Apocalipsis, doce mil de cada una de las tribus de Israel, están selladas con el sello de Dios (Ap. 7:4-8)

El censo.

Analicemos entonces el problema del censo.

La causa por la cual todo judío, mayor de veinte años, debía pagar el rescate de su vida, era que tenía que ser censado. Dios le había dado instrucciones precisas a Moisés de cómo hacerlo. Y para este punto fue que pecó David y encendió la ira de Dios hacia su pueblo porque David hizo un censo, aparentemente para saber el número de tropas que había. Pero por esta decisión, David cometió pecado, porque el censo fue motivado por orgullo y apoyo en el poder militar de Israel y no en la confianza en Dios.

Pero es interesante, para este punto, recordar la traducción de la Biblia de Lenguaje Actual.

La promesa del evangelio.

“Porque así dice Jehová: De balde fuisteis vendidos; por tanto, sin dinero seréis rescatados. Porque así dijo Jehová el Señor: Mi pueblo descendió a Egipto en tiempo  pasado, para morar allá, y el asirio lo cautivó sin razón. Y ahora ¿qué hago aquí, dice Jehová, ya que mi pueblo es llevado injustamente? Y los que en él se enseñorean, lo hacen aullar, dice Jehová, y continuamente es blasfemado mi nombre todo el día. Por tanto, mi pueblo sabrá mi nombre por esta causa en aquel día; porque yo mismo que hablo, he aquí estaré presente. ¡Cuán hermosos son sobre los montes los pies del que trae alegres nuevas, del que anuncia la paz, del que trae nuevas del bien, del que publica salvación, del que dice a Sion: ¡Tu Dios reina! ¡Voz de tus atalayas! Alzarán la voz, juntamente darán voces de júbilo; porque ojo a ojo verán que Jehová vuelve a traer a Sion. Cantad alabanzas, alegraos juntamente, soledades de Jerusalén; porque Jehová ha consolado a su pueblo, a Jerusalén ha redimido.” (Is. 52:3-9)

El tema central de las Escrituras el Jesucristo y su obra redentora a favor de la humanidad. Por eso, desde la época de Isaías se vislumbraba la venida del evangelio como una Buena Noticia para las necesidades más profundas del hombre.

Pero es muy interesante hacer un pequeño análisis etimológico de las palabras “rescatados” y “redimidos”, que se han traducido en este pasaje.

El término hebreo traducido aquí como “rescatados” y “redimidos” es la palabra gâ'al que significa redimir, liberar, vengar, asumir responsabilidad de pariente. Este grupo semántico se usa unas 90 veces, sobre todo en el Pentateuco, Salmos, Isaías y Rut. La primera cita en que se encuentra es Gn 48:16 en este caso “redimir” quiere decir “liberar”. Se usa básicamente para referirse a la liberación de personas y propiedades vendidas para cancelar deudas, como se puede ver en Lv 25:25. Si consigue los recursos para hacerlo, la misma persona puede efectuar la “redención” (Lv. 25:26). Por otro lado, un hombre empobrecido puede venderse a sí mismo a otro israelita (Lv. 25:39) o a algún extranjero que morase en  Israel (Lv. 25:47). Quien tenía la responsabilidad de “redimir” era el pariente más cercano: hermano, tío, primo o el pariente varón más próximo (Lv. 25:25, 48–49). La persona (pariente) que “redimía” al que estaba en dificultades económicas se conocía como “pariente redentor”. Esta es la idea implícita en Rt.  2.20. En Dt 19:6 el redentor lleva el nombre de “vengador de la sangre” o “vengador” y tenía la responsabilidad de ejecutar al homicida de su pariente. El verbo aparece 12 veces con este significado (p. ej., Nm. 35:12, 19, 21, 24, 27). En el libro de Rut encontramos una hermosa narración acerca del “pariente redentor”. Su responsabilidad se resume en Rt 4.5 tenía la responsabilidad de preservar la integridad, vida, propiedad y nombre de familia de su pariente cercano, y estar presto a ajusticiar a su homicida. La mayoría de los casos en este grupo semántico se refieren a Dios que prometió ser nuestro redentor.

Por eso es muy importante hacer un pequeño paralelo con las palabras utilizadas en Éxodo. En Éxodo dice que cada hombre debía pagar su rescate y en Isaías dice que seremos rescatados sin dinero, para que nadie se gloríe (Ef. 2:8-9)  pues la palabra hebrea utilizada aquí apunta a la obra de un pariente redentor. Es así pues, que llegamos a la persona de Cristo, como el único camino de salvación. Jesús dijo que el era el único camino, verdad y vida y que nadie puede ir al Padre si no es por Él (Jn. 14:6). Por lo tanto no podemos, bajo ningún punto de vista, tratar de anular la sangre preciosa que ha sido derramada en la cruz, para poner precio por nuestra alma ni la de ningún ser humano.

Conclusiones.

Pedro interpreta  este simbolismo para nosotros cuando dice: “sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros, y mediante el cual creéis en Dios, quien le resucitó de los muertos y le ha dado gloria, para que vuestra fe y esperanza sean en Dios.” (1ª P. 1:18-21).

El rescate de plata del Antiguo Testamento se transforma en la expiación por sangre del Nuevo Testamento (1ª Jn. 1:6-7). La sangre de nuestro Señor Jesucristo bajo el nuevo pacto, toma el lugar del “dinero del rescate” que fue establecido en el pacto mosaico. Su sangre es nuestra expiación, rescate, redención y el precio de nuestra alma. Este es el precio por el que somos comprados (1ª Co. 6:20). Este es el estándar que Dios ha establecido para nuestra redención.

Nadie puede pagar por otro para entrar al Reino de los Cielos. Nadie puede ser censado en la verdadera iglesia a menos que sea redimido con este precio (Sal 1:5). El calvario es la fuente de plata a la cual todos tenemos acceso para que podamos obtener el precio de la expiación (Job 28.1). al encontrar nuestro lugar en la iglesia, Dios impide que las plagas se nos acerquen. (Mr. 10:45; 1ª Ti. 2:5-6; Job. 33:24; Is. 35:10; Sal. 91)